El Algeciras Club de Fútbol vuelve a las andadas otra semana más. Después de un inmaculado estreno de año 2018 en el que no había concedido derrotas, recuperaba la solvencia de antaño y se enfrentaba a un equipo con innumerables problemas institucionales, deportivos y demás índole, los albirrojos vuelven a pecar del dicho del buen samaritano y regalan hasta la extenuidad a un rival muy noble que con orden, estar arropaditos atrás y ser certeros en ataque les bastó para robar el valioso botín del Nuevo Mirador.

No es la primera vez que pasa esta temporada que equipos ramplones como el caso de Espeleño o Cabecense han llegado y besado el santo para acabar llevándose un punto que a la larga lastra el devenir de un conjunto que ha vuelto a desperdiciar otra oportunidad de oro para recortar puntos a la cabeza y endosarle de paso un colchón más a los Ceuta, Sevilla C, etc que habían vuelto a dejarse la victoria por el camino.

Una plantilla que vuelve a verse condenada a estar cada semana con el látigo fustigada por parte de su siempre respetable afición que aguanta carros y carretas pero que no ha podido con esa excesiva relajación de los suyos cuando más había que sacar los galones adelante. Por delante, Ceuta. El próximo domingo. Con el conocimiento de que con cualquier derrota por más de un gol puedes verte por detrás en la clasificación y con la obligación de no fallarle, otra semana más, a los que cada domingo siguen su camino. Otra vez Algeciras. Otra vez.

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